La economía colaborativa, la nueva alternativa económica del futuro

La crisis económica sufrida durante los últimos años ha hecho que las personas ideen nuevos métodos de comercio, con el objetivo de lograr los productos deseados con un mínimo gasto económico. Esta es una causa, entre otras, que ha desembocado en la aparición de la denominada economía colaborativa.

Este nuevo modelo de sistema comercial, que esta teniendo un desarrollo importante durante estos últimos años, se puede definir como una interacción entre dos o más sujetos, a través de medios digitalizados o no, que satisface la necesidad real o potencial, a una o más personas.

La plataforma digital, sirve como medio de interacción entre el comprador y el vendedor. Ambas posiciones se pueden intercambiar. Los compradores evalúan a los usuarios vendedores, de cara a consolidar su reputación sobre el servicio o producto ofrecido.

El movimiento del consumo colaborativo supone un cambio cultural y económico en los hábitos comerciales establecidos abriendo nuevos métodos y un nuevo sistema de modelo empresarial.

Un claro ejemplo de este sistema comercial, entre los muchos que actualmente hay establecidos, es el de la compañía Drivy, un plataforma de alquiler de coches entre particulares que nació en Francia hace seis años y llegó a España en el verano de 2015.

«En Francia somos la primera empresa del sector de alquiler de coches, 10 veces mayor que la segunda del ranking», especifica Paulin Dementhon, fundador y CEO de Drivy quien atribuye su éxito «a la innovación tecnológica empleada». La empresa ha podido internacionalizarse en tan sólo cinco años y ya cuenta con oficinas en París, Berlín y Barcelona. «Actualmente tenemos coches en todas las ciudades de España con una cierta densidad de población. En la plataforma hay más de 500 coches, bastantes más que cuando lanzamos el proyecto en Francia», comenta el CEO de la empresa. Eligieron expandir su negocio en España porque es «uno de los mercados más grandes de alquiler de coches en Europa, recibe muchos turistas, sus propios habitantes viajan por el país y tienen una mentalidad abierta a favor de la economía colaborativa».

El sistema es sencillo. Los propietarios deben registrarse en la página web, indicar la disponibilidad de sus coches y establecer un precio basándose en las recomendaciones de la propia app y a su propio criterio. A su vez, el conductor elegirá aquel vehículo que se adapte mejor a su calendario y contactará con el propietario para firmar un contrato, un proceso que se puede realizar desde la propia página web o a través del teléfono móvil. El contrato recoge que el coche tiene en regla su ITV y, por parte del conductor, la acreditación del Estado de su carné de conducir y las infracciones que ha cometido». Las llaves se entregan en persona y la transacción se realiza a través de la web.

El 70% del precio del alquiler lo recibe directamente el propietario del coche, mientras que el resto se lo reparten entre Drivy y Allianz, la mutua de seguros. Dementhon ha explicado que el coche queda cubierto por una póliza de seguros, diseñada por Allianz, y que «no hay necesidad de cambiar la póliza habitual del vehículo». Además, cuenta con asistencia en carretera las 24 horas del día.

Los coches de la plataforma se usan durante un promedio de 3 días mientras que en iniciativas similares como Car2go o DriveNow la media es de 25 minutos. «Drivy se utiliza no tanto para trayectos cortos en la ciudad sino para trayectos fuera de ésta como son las escapadas de fin de semana, cortas vacaciones, etc.», mantiene el fundador.

El principal reto de Drivy es transformar totalmente la manera como la gente se mueve. «Queremos que el mercado global de alquiler de coches facilite a los usuarios el hecho de transportarse sin necesidad de comprar un vehículo. Queremos ofrecer un servicio tan simple y conveniente que las personas pasen de usarlo una o dos veces al año, como hoy, a usarlo semanalmente y con duraciones más cortas, como un día o medio».

En cuanto a la legalidad de Drivy, «el alquiler de coches sin conductor no requiere la licencia administrativa ya que no perjudica en principio a ningún sector», sostiene Dementhon. Por esto esperan no tener problemas judiciales como ha ocurrido en otras plataformas colaborativas como Aribnb o Uber. Comenta también que, por parte de los gobiernos, «aplicar demasiadas leyes sería un error. Este sector tiene que crecer. Es muy beneficioso para todos». En referencia a los lobbies de la antigua industria ha añadido que tampoco deberían «destruir la innovación sólo por preservar antiguos intereses financieros».

Drivy no quiere apagar el motor y, por el momento, sus carreteras seguirán siendo europeas. Parece que la economía colaborativa ha puesto la marcha directa. Lo ha aclarado Dementhon: «Las plataformas colaborativas ya están transformando la economía y en nada todo irá mucho más lejos que Wallapop o Blablacar».

 

Fuente.: elmundo

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